¿Qué debemos tener en cuenta en Atención Temprana cuando hablamos de apego?

¿Qué debemos tener en cuenta en Atención Temprana cuando hablamos de apego?

M. Teresa Martínez Fuentes – Profesora Titular Universidad de Murcia. Pertenece al grupo de Investigación en Atención Temprana.

  El trabajo con las familias de niños y niñas de riesgo o con patología, desde los supuestos que dominan la teoría del apego, debe dirigir su mirada a la manera en la que transcurren las interacciones tempranas entre el adulto y el bebé. La mejora de las habilidades del cuidador principal a la hora de responder y atender las necesidades de los más pequeños es un objetivo que comparten aquellos que estudian los vínculos afectivos tempranos con los profesionales que se dedican a la Atención Temprana.

  Las familias necesitan tener recursos suficientes que les permitan resolver las necesidades, a veces elevadas y desconocidas, de sus hijos, para garantizar el apego seguro. En la actualidad, todos coincidíamos en reconocer que la seguridad del apego es un factor de protección para el desarrollo de la persona; en este sentido, los profesionales de atención temprana debemos garantizar que las familias con las que trabajamos tienen las suficientes competencias para generar entornos seguros en los que sus pequeños puedan aprender a confiar y alcanzar cierta autonomía, sin que ésta se vea afectada por una vinculación insegura.

.    El apego es ese ámbito del desarrollo socioafectivo en el que el niño encuentra en su figura de apego una fuente de seguridad a partir de la cual explora y conoce el entorno. La figura de apego desarrolla dos funciones; por un lado, es la base de seguridad y por otro es el refugio al que el niño acude cuando se siente molesto. Para que los más pequeños puedan adquirir estos conocimientos, requieren de un cuidador sensible que esté atento y disponible a lo que necesita, y que responda de forma coherente a esas necesidades.

Durante el primer año se establecen las bases de la vinculación, un tiempo que no podemos descuidar, dado que es a partir de la manera en que se resuelvan las interacciones cotidianas, en contextos como la alimentación, sueño, higiene y juego, cuando el niño encontrará las oportunidades para aprender a confiar o desconfiar en su figura de apego. 

   A partir del primer año de edad es posible identificar dos tipos de apego, apego seguro y apego inseguro. A su vez, el apego inseguro se puede manifestar de tres formas distintas: evitativo, ambivalente y desorganizado. 

También se sabe por los resultados de investigación acumulados, que la calidad del apego se puede modificar, con una adecuada intervención. En la Atención Temprana encontramos ese modelo de intervención que puede contribuir a este objetivo, dotando a las familias de herramientas y recursos que le permitan desarrollar una respuesta sensible a sus hijos. Solo de esta manera, las familias que tienen a su cargo niños de riesgo (biológico y/o social) podrán convertirse en bases seguras para ellos. 

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